jueves, 1 de diciembre de 2016

De DMs y Jugadores

Desde el principio de los tiempos roleros, hace ya 26 años, siempre he tenido la firme convicción de que dentro de cada rolero habita un DM en potencia. Cualquiera, con mayor o menor éxito, puede ponerse tras la pantalla y narrar una historia. Y es verdad que a todos los jugadores que he conocido siempre les ha picado el gusanillo de ponerse tras la pantalla y probar como es eso de sentirse el narrador de la historia. Pero claro, hay mucha diferencia entre ponerte tras la pantalla por voluntad propia, por petición de tus compañeros o simplemente por probar a ver como son las cosas desde el otro lado del muro (Verdad, Jon Nieve?)


Con los años, Me he dado cuenta que hay roleros que sólo funcionan al 100% como jugadores, y que sólo se ponen tras la pantalla en contadas ocasiones, más por obligación con los demás compañeros que por voluntad propia. Hay otros, que desde que descubren el rol, buscan sentarse tras la pantalla y se suelen convertir en el DM oficial del grupo, pasando al otro lado de las trincheras cuando está muy saturado o cuando otros deciden probar el poder que yace tras la pantalla.





En mi experiencia personal, podría decir que he sido afortunado, ya que en mi grupo de juego, siempre ha estado el incombustible Nerull, con el que he compartido casi el 50% del esfuerzo de dirigir partidas. Hemos tenido amigos y compañeros que han hecho de DM, pero ninguno con la consistencia y la constacia que hemos puesto nosotros en nuestras campañas. Tal vez esa haya sido la clave para que ninguno de los dos nos hayamos "quemado" tras la pantalla y también la razón por la que nuestros compañeros hayan sido más jugadores que DMs.





A día de hoy llevo dándole a esto del rol 27 años, y conmigo Nerull, y hemos pasado por innumerables fases. Desde los interminables veranos jugando prácticamente cada día, de épocas en las que jugábamos en grupos diferentes, explorando nuevos jugadores y nuevos DMs en busca de inspiración y conocimientos, hasta llegar a nuestro grupo fijo con los que hemos estado jugando los últimos 15 años.




Hace ya un par de años, hemos entrado en una época en la que jamás pensamos entrar. Primero caí yo, que  a causa de la paternidad y tuve que aflojar el ritmo de partidas, tanto de DM como de jugador. Luego le pasó a Nerull, pero de manera diferente, él se desencantó con los juegos de espada y brujería, cuando hasta el momento había sido un incombustible de D&D, pero tantas ediciones, tantas reglas y tantos suplementos de juego, acabó con sus ganas. Tal vez el punto de inflexión fue cuando trató de pasar del D&D al Warhammer RPG de FFG, lleno de tokens y artificio. Mucha inversión, mucha lectura para finalmente jugar sólo dos partidas. Desde ese momento, Nerull decidió enfocar sus esfuerzos en La llamada de Cthulhu, un juego con el que había coqueteado como DM ocasional, y que bajo mi arbitraje, había pasado media vida de jugador.




En mi caso, ni siquiera las ganas le pueden al cansancio, los compromisos familiares y a los problemas para organizar partidas de manera periódica con el grupo de siempre. Traté de meterme de lleno en el Runequest 6, del que arbitré dos partidas. Traté de montar una campaña de cazadores de libros para La llamada de Cthulhu, que ni siquiera iniciamos debido a la desidia y problemas de horario de los jugadores.


La única buena noticia es que Nerull ha encontrado un grupo de jugadores jóvenes y entusiastas, gracias a su hermano menor, con los que juega de manera habitual y con los que yo me engancho de vez en cuando.




He pasado de DM habitual, voluntarioso y organizador, a un mero jugador ocasional. Al que las ganas de retomar el hobby le puede todo lo demás. Es un quiero y no puedo constante. Creo que lo último que arbitré fue "Tierra de nadie", un módulo de la Llamada de Cthulhu en la primera guerra mundial que estaba destinado a ser la precuela de la campaña de cazadores de libros, a la que dediqué horas, que ahora se me antojan vacías, muchas ganas y esperanzas.




¿Es un proceso natural? Es muy posible. Y la nostalgia no ayuda. Cada vez que nos reunimos los colegas roleros, surgen mil anécdotas roleras y muchas promesas de partidas que no terminan cuajando por los problemas de los que hablaba antes.




Ahora mismo, lo único que satisface mis ansias frikys, es un hobby incluso más antiguo que el rol, pintar minis y escenografía. y por supuesto jugar. Algo que es más viable ya que sólo dependo de mi mismo para pintar y de otro colega, en este caso Bruendar, para jugar.


Ahora llega diciembre, el fin de año y nuestra lista de propósitos para el año que viene. En la mía está claro que intentaré retomar el rol de manera más habitual y sobre todo trataré de ponerme de nuevo tras la pantalla y llevar a la mesa alguna de las campañas que tengo en mente. Ya veremos que me depara el 2017.


¿Y vosotros? ¿·En que punto de vuestra vida rolera? ¿Algún propósito rolero especial para el año que viene?