lunes, 29 de julio de 2013

Trasfondo Reinos Ogros - Torneo WHF Porto




(Escrito por Bruendar)



Los Colmillos de Sable se removían inquietos.
El olor de la sangre que goteaba de la espada del Matón obstruía sus sentidos, famélicos. Cuando se acercaba la batalla, Morgrun gustaba de dejar sin comer a los grandes felinos, a sabiendas de que esto hacía que saltaran frenéticos hacia el enemigo.
Su mirada siguió el reguero carmesí se extendía en el polvoriento suelo y manchaba las pesadas ruedas de su gran y nueva adquisición. El Escupehierros, aquella carcasa de madera, metal y hueso, sostenía el dorado cañón de los Titanes de los Cielos que le habían arrebatado a golpes a la tribu vecina. El rhinobuey bufaba, protestando por como apretaban sus cinchas y los gnoblars salían despedidos en todas direcciones. Aquel aparato destilaba muerte y destrucción, sin ninguna duda.
Tras las escaramuzas contra los imperiales en la frontera, Morgrun apreciaba de una manera distinta aquellos artefactos.




Con un lento crepitar, el charco de sangre se congeló al llegar a la sombra de la mastodóntica figura del Colmillos de Trueno. Aquel ser definía la vanguardia de la tribu, un referente de destrucción que, literalmente, dejaba congelado de terror a los enemigos. Su paso firme y cornamenta poderosa aplastaba huesos y piedras por igual.
 

El elenco de salvajes bestias quedaba completo con la caballería de Dientesmartirio. Aquellos robustos seres, rápidos y poderosos, llevaban a sus guerreros más eficaces al corazón de la refriega, como un ariete atravesando filas enemigas. Se regocijaba con solo pensarlo.
El momento de poner la horda en marcha llegaba al fin. Al oído de los cuernos, aquellas moles de grasa y músculo apuraban el asado de bretón y los trozos de placas y cotas de malla se acumulaban como conchas de ostras junto al caldero. Lejos de estar saciados, los ogros clamaban por un festín mayor, alentados por el Maestro Carnicero a honrar a la Grandes Fauces. Como si les hiciera falta que les animaran a comer.




Morgrun, empapado en la sangre, terminó de separar la cabeza del tronco del gigante con sus poderosos brazos y la alzó orgulloso. Sin pensarlo dos veces, arrancó una larga tira de cuero y la ató al estandarte que se acababa de fabricar con la bandera de aquellos bretones de Lemoire.
El momento de la batalla llegó. Y solo una cosa impedía que se sintiera del todo satisfecho. ¿Dónde demonios se habían metido los Comehombres?




Trasfondo para el Torneo de Warhammer Fantasy, 
celebrado en Abril en la Librería Porto 
Las Palmas de Gran Canaria
Publicar un comentario en la entrada