jueves, 7 de junio de 2012

La difícil tarea de un DM



En estas situaciones sobrevivir es más difícil que te toque la lotería.

La sesión del viernes pasado, en la que el 75% del grupo de personajes murió en la sesión de Cthulhu, ha reabierto viejas polémicas dentro del foro de nuestras partidas. Excepto uno de los jugadores implicados que por ahora ha hecho mutis por el foro, el resto ha criticado abiertamente el final de la partida y la actuación de este DM que suscribe, con respecto a la masacre que se produjo en el enfrentamiento final con nada menos que una Semilla Estelar de Cthulhu, un bichejo bastante poderoso que con sólo mirar sus estadísticas se te ponen los pelos como escarpias.

El asunto de esta entrada no son esas quejas, ni la agridulce sensación de los jugadores que perdieron sus pjs, con los que habían jugado 7 aventuras a  La llamada de Cthulhu, que en mi opinión es toda una hazaña de la que sentirse orgulloso, y habían sobrevivido para contarlo. El tema es acerca de la tarea del DM y de las funciones que realiza y lo poco que se valora su trabajo y lo mucho que a veces se critica su oficio cuando las cosas no llueven a gusto de los jugadores.



El DM hace una doble función; es el árbitro de las reglas del juego y además es el narrador principal de la historia. Los jugadores serían los narradores secundarios.

El delicado equilibrio entre las dos funciones es muy difícil de lograr ya que a veces, para que la historia tenga coherencia, un final feliz o evitar un desenlace desastroso, hay que hacer la vista gorda como árbitro.


A veces el papel de árbitro puede ser acojonante.



Cómo árbitro el DM se suele enfrentar, a menudo, a los jugadores, independientemente de la naturaleza de estos, a causa de la interpretación de las reglas, los efectos de estas reglas en la narración y en el devenir de sus personajes, sobre todo en esto último. El DM debe ejercer como árbitro de las reglas, en algunos casos casi como un juez y su palabra es definitiva en cuestión de interpretación de las reglas.

Esta tarea nunca es grata, porque a pesar de que los propios jugadores entienden su función y están, en mayor medida, de acuerdo con ella, cuando sus decisiones afectan claramente a sus personajes en cuestión de lo que pueden o no pueden hacer, o incluso en cuestiones de vida o muerte de su pj, esta apreciación se ve muy afectada y surgen enfrentamientos que a veces terminan con el jugador fuera de la campaña o bien con un DM tan quemado que manda a "su prima" a que siga arbitrando la campaña.


Así te ven tus jugadores cuando te pones en modo narrador.


Cuando el DM es narrador, la función cambia, ya que tiene que crear o adaptar aventuras y modelarlas mientras los jugadores interpretan sus personajes y van cambiando los acontecimientos a medida que sus acciones tienen impacto en el juego. Este trabajo es delicado, ya que una mala decisión puede dar al traste no sólo con la aventura sino con toda una campaña. Ahora bien, tampoco puedes abusar de este rol, porque los jugadores necesitan desafíos y sentir que sus personajes sufren y luchan para conseguir un objetivo, que si llega demasiado fácil pierde mucho valor, pero si ese objetivo llega con un coste alto en vidas de pj´s también puede ser frustrante. Asi pues, debes buscar un delicado equilibrio entre narración y coste del logro de los jugadores.

Parece que ambas funciones se oponen en momentos claves de la aventura, cuando no ser justo y riguroso con las reglas hace que la historia pierda credibilidad, pero si eres justo y riguroso con las reglas el papel del narrador queda anulado, perdiendo esa capacidad para adaptar el relato al gusto de los jugadores y a la continuidad de la campaña.

Personalmente no concibo un DM que no posea ambas características, ni tampoco uno que sólo use una de las dos funciones. Sin embargo esa búsqueda del equilibrio hace que te veas en situaciones como las del viernes pasado, cuando te ves en la tesitura de ser fiel a las reglas y a la coherencia de la historia o bien ser fiel a la campaña y buscar un final que agrade a la audiencia.


Por mucho que uno quiera, a veces las cosas no salen como planeas.



A veces, la solución surge por sí sola o en un arranque de inspiración encuentras algo que te ayude a terminar con un broche de oro, y otras veces, te limitas a ser árbitro neutral de los acontecimientos y sufrir las consecuencias de los jugadores que se sienten decepcionados porque el árbitro se ha impuesto al narrador. Lo que si tengo claro es que uno no puede existir sin el otro y que a veces, dependiendo del momento o la situación, uno toma más fuerza que el otro y los acontecimientos se desarrollan de una manera determinante, de la cual puedes arrepentirte más adelante o considerar que ha sido justa y defenderla hasta el final.

Lo que está claro es que el trabajo del DM no es fácil, es solitario y algunas veces no se valora ni se aprecia como es debido.

Y vosotros, ¿Que opináis de vuestra labor como DM o de los DM que arbitran y narran vuestras aventuras?


Publicar un comentario