viernes, 25 de mayo de 2012

Micro-relato: Warhammer - El Suelo Tiembla bajo los Tripudos



He vuelto a hacerlo. Me he apuntado nuevamente al torneo de Warhammer Fantasy de mi tienda de hobbies favorita, Porto. Y con la escusa de preparar un trasfondo para mi ejército de Ogros, he preparado este micro-relato.

La verdad es que me he enganchado al Warhammer Fantasy otra vez, después de tantos años que sí, pero que no. Esta edición me parece que tiene ese punto que le faltaba a las anteriores, a mi modo de ver, algo más dinámico (si es que se me permite decir eso de WF en general). Eso, unido al nuevo libro de ejército de los Reinos Ogros, claro, que aporta lo que le faltaba al anterior, bastante escaso, pero con unas miniaturas que me encantaron desde el principio.
La puntilla final ha sido la partidilla que hemos jugado Fatelux y yo el otro día en mi guarida, la cual le ha puesto la miel en los labios, asegurándonos un ciclo de batallas más que interesante.

Lo disfrutaré al máximo, y además, siguiendo a la espera de la nueva entrega del reglamento de Warhammer 40.000, que está a la vuelta de la esquina, que nos sumerja de nuevo en el futuro sombrío eternamente en guerra.

En fin, les dejo con el trasfondo de mi Ogros, hambrientos de combate ¡como nunca!.


Unos cuantos metros más alto y Noglii hubiese batido el record de Klans. No es que sufrir una cornada de Dientes Martirio fuera un motivo de orgullo y satisfacción, pero si la recibía, al menos que fuese para romper la marca establecida. Poco duró este fugaz pensamiento, ya que el aterrizaje menguó cualquier otro. Una salpicadura enorme de color ocre saltó en todas direcciones, pero no tocó el suelo, siquiera el mandil del que revolvía. Con un efecto de retroceso temporal, el mejunje volvió a entrar en el enorme caldero de hierro negro y siguió burbujeando lentamente. Noglii se debatió por salir de su interior, pero el líquido lo arrastraba hacia adentro, como arenas movedizas hambrientas y conscientes, pues nada de lo que entraba en el caldero del Maestro Carnicero de la tribu volvería a salir si no era para ser catado por él.
Mordok pensó que era un buen augurio. El gnoblar había caído en el caldero en un aparente golpe de suerte, pero él sentía que no era el azar, sino la señal de que  los vientos místicos traían los efluvios de las Grandes Fauces. Entró en su caseta y se arrancó varias muelas - ya le volverían a salir – las mezcló con las vísceras de una cabra montesa que Grognar, el Cazador, le había traído recientemente, y observó largamente en busca de un designio.

…..

Aquel trapo no ardía. Karg se entretenía con aquella nimiedad desde la altura de silla de piedra. Le traía un grato recuerdo, acompañado de un regusto a carne quemada, pensar en como aquel bretoniano embutido de metal, había peleado tan desesperadamente para proteger un cacho de tela adornado. Vulg – ese comehombres conocía muy buenos trucos, desde luego - había tenido la genial idea de cocinarlo con armadura y todo, rellenándola de especias, y envolviéndolo en el estandarte, lo cual había hecho que su carne se cocinará como de si de un horno se tratara. Y ese nuevo sabor, tan exquisito, hacía que su tripa sonara con deleite, pidiendo más. Aquella tela no era normal, desde luego, y la iba a conservar, con la esperanza de poder capturar unos cuantos caballeros andantes. De hecho, ¿por qué no organizar una partida? Solo pensarlo le hacía salivar.



En ese momento, el Maestro Carnicero salió como una tromba de su choza, agitando el muñón con su gancho incrustado. Karg bajó de su asiento y se acercó a ver que tramaba el gordiflón. Al fin y al cabo, era el líder espiritual de la tribu y de sus ocurrencias siempre salían buenos banquetes y peleas.
¡Preparaos! – clamó Mordok. Las Grandes Fauces han hablado y piden sacrificios, ¡pero no uno cualquiera!.
Los ogros allí congregados entraron en máxima agitación ante la perspectiva de ponerse en movimiento.
¿A dónde vamos Maestro? – se atrevió a preguntar Karg. No en vano, el era el Matón de aquella panda de tripudos.
¡¡¡Karak-Porto!!! – bramó. ¡Y nada, ni nadie nos detendrá! Afilad vuestros alfanjes, porque en nuestro camino, nos enfrentaremos a criaturas de todos los rincones del continente.
Los Vientos de la Magia - y los Sagrados Eructos de las Grandes Fauces - se ha reunido sobre la antigua fortaleza enana y grandes y terribles acontecimientos sucederán allí.

…..

Mientras los ogros gritaban como posesos ante las inminentes batallas y el valle temblaba bajo las terribles pisadas del Colmillos de Trueno, Karg se relamía pensando como sabría un enano enlatado, envuelto en aquel trapo de cocinar bretoniano


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