martes, 28 de junio de 2011

In Memoriam





La verdad es que este mes de junio ha sido un mes agridulce, cada vez más agrio que dulce. A mitad de mes me fui una semana a España por temas de trabajo y pude pasar el fin de semana con los mios, pero el domingo me enteré del ataque a mis compañeros, que se saldó con dos mutilados, a ambos les tuvieron que amputar una pierna.




El martes 21 regresé a Afganistán justo después de cumplir el ecuador de la misión y este domingo hemos vuelto a sufrir un ataque que esta vez nos ha dejado dos fallecidos, que ayer mismo eran recibidos por sus familias en Canarias.



Sufrir la tragedia tan de cerca es muy duro y más si conoces y convives con los compañeros caídos. En dos ocasiones he hecho esa misma ruta, con esos mismos compañeros, a bordo también en un Lince, un vehículo blindado, duro y resistente, pero claro, 30 kilos de explosivo no hay mucho que pueda resistirlo.



Estamos viviendo nuestras horas más duras y la pena nos embarga, pero tenemos claro que la misión tiene que completarse y hasta finales de agosto hasta principios de septiembre no seremos relevados, por lo que seguiremos en la brecha en esta guerra, en la que estamos para mentorizar al ejército afgano y a la policía, para ayudar a crear infraestructuras y recontruir un pais devastado por guerras, pobreza y talibanes. ¡Que la suerte no nos vuelva a ser esquiva!



Mi corazón, y el de todos mis compañeros está ahora con las familias de nuestros dos compañeros caídos. No hay palabras para aliviar la pérdida de una amiga, compañera y madre, ni para aliviar la pérdida de un amigo, esposo y padre, pero a mi cabeza viene el poema de W.H. Auden que escuché por primera vez en "Cuatro bodas y un funeral" y que refleja el atroz sentimiento de pérdida que se siente cuando nuestro amor se va para siempre.




Compañeros, nunca os olvidaremos.



"Detengan los relojes
desconecten el teléfono
denle un jugoso hueso al perro
para que no ladre
Callen los pianos y con ese
tamborileo sordo
saquen el féretro...
Acérquense los dolientes
que los aviones
sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo
el mensaje
él ha muerto.


Pongan crespones negros
en los níveos cuellos de las palomas
que los policías usen guantes
de algodón negro


Él era mi norte, mi sur
mi este y mi oeste
mi semana de trabajo
y mi domingo de descanso
mi mediodía, mi medianoche
mi conversación, mi canción


Creí que el amor perduraría
por siempre.
Estaba equivocado.

No precisamos estrellas ahora...
apáguenlas todas
envuelvan la luna
desarmen el sol
desagüen el océano y
talen el bosque
porque de ahora en adelante
nada servirá."

W.H.Auden "blues del funeral"
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