domingo, 29 de mayo de 2011

La Noche del Veterano


Ya hacía tiempo que no me prodigaba por mi bitácora de nacimiento blogero, este magnífico Faterblog. Sigo entre bambalinas, comentando y sacando algunos Rollage!'s, pero artículo, lo que se dice algo serio, nada de nada. Y es que hace ya algún tiempo, en nuestro grupo, seguimos en el dique seco del Rol, reparando, eso sí, nuestra maltrecha nave rolera mientras nos dedicamos indolentes al noble arte del juego de tablero, acaso esperando que el incomensurable Fatelux regrese de su aventura afagana.

Sin embargo, hace bien poco, de hecho, este mismo mes, un amigo, el cual regenta la sin par tienda de Las Palmas de Gran Canaria, Porto, ha puesto en marcha una genial propuesta, en la que me ha involucrado de lleno.
Se trata de "Las Noches del Veterano", en las que dedica, una vez cuelga el cartel de "cerrado", su espacio lúdico a las mesas de Rol con mayúsculas. Es espacio para los veteranos, aquellos que no tenemos tiempo a otras horas menos vampíricas. Y lo es también para aquellos que han quedado huérfanos de grupo y para alguno que otro que no sabía lo que era el Rol, pero que ansiaba conocerlo.

Así que, dados en ristre, los miércoles de este mes, he estado yendo con nocturnidad y alevosía, a enredar en las tramas del viejo Cthulhu a otros tres que, como yo, deseaban jugar al Rol y recuperar ese sabor perdido.

La experiencia no ha podido ir mejor. La aventura propuesta se trataba de, ni más ni menos, que mi adaptación casera de La Madriguera, ya aquí comentada. Esta vez, dado que solo disponemos de dos horas de juego (menos es nada), se desarrolló en dos sesiones. En la primera exploraron la mansión, con grandes dosis de tensión y atmósfera y dejé para la segunda, la madriguera propiamente dicha.



A la izquierda el auxiliar de ametralladora Klaus, en el centro, el sargento Gustav y a la derecha, Dieter.
Les acompañaban el doctor Bertolt y el soldado Jurgen.



Los jugadores eran tres y como no podía dejar que se sintieran pocos para tan temible misión, hice que dos pnj's les acompañaran. Un soldado que era doctor antes de la Gran Guerra y el soldado Jurgen para apoyar la exploración. He aquí la crónica de la partida (alerta de spoilers, para los que no hayan jugado La Madriguera).

Primer contacto

Llegar a la casa comenzó ya de manera accidentada, aunque los soldados se mostraban optimistas por poder alejarse del frente. El camión que les habían asignado para viajar al pueblo de Fleurs desde las trincheras, les dejaba tirados cada dos por tres, por lo que ya bien entrada la noche llegaron a la mansión. Allí, un silencio sepulcral les daba una inequívoca señal: la compañía no era bienvenida. Teniendo que dejar el camión en el exterior de la verja, tuviero que andar el trecho del abandonado jardín a pie, poniéndose aun más nerviosos oyendo sus pisadas en la grava, mientras sus dos linternas apenas llegaban a iluminar el tétrico ambiente.

Algo más que una casa abandonada

Al entrar en la casa, se percataron que alguien había atrancado la puerta principal con una silla, pero el soldado Dieter, con un alarde fuerza, consiguió abrirla. En las sombras, algo se movió muy deprisa, desapareciendo de inmediato. Una vez dentro, la exploración, entre sonidos descritos como ratas en las paredes, los soldados llegaron a la cocina, donde hallaron un cráneo deforme. Mientras intentaban asimilar lo que allí sucedía, dos criaturas, parte hombre, parte mono, parte rata, se abalanzaron contra ellos, dejando muy malerido a Jurgen. Atontados por la apariencia de aquellos seres, a duras penas, el sargento Gustav les conminó a seguir para dar con la patrulla extraviada. Ya claramente pertubados, continuaron la exploración, pero Dieter, que seguía oyendo ruidos fantasmagóricos, decido callarse y no alertar de ellos a sus compañeros.

Fuego en el agujero

Al poco, dieron con el enorme agujero que se había formado en el interior de la casa, claramente provocado por una gran carga explosiva. El agujero recien formado, dejaba a la vista una enorme y oscura cavidad en la tierra, donde debieran estar los cimientos de la casa. Una preternatural niebla verde brotaba de él y, cuando creian que la explicación de que la patrulla de demolición había muerto en la explosión (o eso querían creer) oyeron ruido de disparos abajo y unas voces que pedía auxilio. Gritando alarmados, obtuvieron la respuesta esperada. Eran supervivientes del grupo de demolición. Y estaban en serios apuros.
Con el objetivo en mente de ayudar a sus compañeros, el grupo se encaminó hacia el sótano de la casa, para descubrir la fangosa y pestilente madriguera de los seres rata.

Enterrados en vida

La madrigera excavada en la tierra, resultaba opresiva y fétida como una tumba. La niebla cubría el suelo fangoso, pero no ocultaba los huesos de las infinitas víctimas de los seres. Desde aquí todo era un laberinto de oscuridad y sobras amenazadoras. En un paso más, los soldados entraron una de las zonas de cría y varias de las criaturas se abalanzaron sobre ellos. Esta vez Jurgen, ya malherido, no pudo con las heridas y una de las criaturas se lo llevó por delante. En varias ráfagas concentradas las detuvieron pero otras salieron corriendo entre los fogonazos.
Tras deambular entre diferentes peligros hallaron el sótano de la casa, donde el grupo de demolición había dejado preparada la dinamita, pero sin armar los detonadores. Tras debatir si salir de allí en ese momento, el sargento Gustav tomó la desición de no dejar la búsqueda hasta encontrar rastro del grupo desaparecido. Al borde del motín, el grupo penetró de nuevo en el oscuro agujero.

Humo y locura

Esta vez sus pasos les llevaron hasta una caverna, en la que descubrieron la fuente del fétido gas. Ataviados con sus máscaras antigas, se aproximaron a un pozo de antigua manufactura, en el que una escalera de mano se internaba perdiéndose su final. Cuando contemplaban la verde niebla, en sus voces sonaron voces conocidas. El doctor creía oir al grupo desaparecido, clamando auxilio. El sargento, sin embargo, oía a su novia, a la que añoraba desde el comienzo de la Gran Guerra, que le conminaba a bajar a buscarla. Dieter, al tanto, creía que entre la niebla, acechaba un número ingente de criaturas y enloquecía creyendo que pronto saltarían sobre ellos. Comenzó a prender el lanzallamas que portaba, apuntando incluso hacia sus compañeros. Klaus, sin embargo, que permanecía atento a lo que dictaminara su sargento, recibió de improviso la orden de este de que bajara de inmediato por la escalera e hiciera reconocimiento del lugar.
Sin chistar, Klaus comenzó el descenso y, aunque a medida que bajaba, la niebla se hacía aun más densa, el final no parecía llegar. La nieblam arremoliada en torno a él, empezó a formar zarcillos tentaculares, los cuales se enrroscaban alrededor de su máscara anti-gas. Hipnotizado por el contoneo de las formas que se que creaban antes él y seducido por las ignótas formas que le invitaban a seguirle, de pronto, Klaus se soltó de la escalinata para atraparlas, cayendo sin fin hacia un final de pesadilla.


Arriba, el doctor Bertolt, decidía que, al no recibir voces de Klaus lo mejor sería bajar a buscarle. Pero de pronto, Dieter desató la furia del lanzallamas en todas direcciones, buscando a los enemigos invisibles. Rápidamente, se echaron todos a tierra y, con un chillido que no era de este plano de existencia, la niebla se retiró a su pozo infernal, despejando la sala. Los atribulados soldados, concientes ahora de la maligna influencia del gas verde, salieron a toda prisa de la caverna, ya que la niebla comenzaba de nuevo a salir del agujero, con sus tentáculos etéreos.

Y'golonac

Tan pronto salieron de allí, se toparon con un hombre con aspecto ajado, que portaba una escopeta de caza. Apuntándoles les ordenó que se marcharan ahora, si querían conservar la vida, ya que bastante daño habían causado a su "familia". Dieter, aun preso de la paranoia causada por el maligno gas, abrió fuego certaramente sobre el hombre, antes de que nadie tuviera la oportunidad de preguntar al misterioso hombre.
Este, empezó a caer inerte, pero lejos de desplomarse, se irguió nuevamente y una terrible transformación tuvo lugar. Horrorizados por la metamorfosis del avatar de Y'golonac el grupo salió corriendo, menos Dieter, que se quedó paralizado por el terror. Un letanía chillona de una las múltiples bocas del avatar, hizo explotar los tímpanos del aterrorizado soldado, que huyó de la escena, tambaleándose como una marioneta, hacía un tunel que conectaba con la cripta familiar y, por ende, el exterior.
El sargento Gustav y el doctor Bertolt llegaron hasta el sótano, donde permanecían colocados los explosivos y decidieron, en un momento de lucidez, coger el detonador en su huida.

Nombre en clave "Tanque"

Al salir, gritando asustados, no se percataron que la Gran Guerra seguía su curso. Los ingleses conseguían romper el cerco del Somme y la batalla se desencadenaba ahora a su alrededor. Cuando llegaron al porche de la casa, una enorme bestia metálica entraba en el jardín de la mansión, aplastando la verja.
Este golpe en su cordura acabó con lo que quedaba aun sano en sus mentes y, bajo el fuego de ametralladora, Gustav y Bertolt se echaron a tierra, accionando el detonador y acabando una vez por todas con la mansión de pesadilla.



Y así finaliza la crónica de estas dos sesiones, merecedoras del título de memorables, en la Noche del Veterano. Un magnífico escenario, que aprovecho para agradecer a Porto, unos jugadores fantásticos, a los que doy las gracias por prestarse a la partida y a la foto y, sobre todo, la vuelta de esa sensación de que he podido sacudir esas telarañas roleras, largamente acumuladas.

Y esto no acaba aquí amigos. ¡Aun hay muchos dados que tirar!

Ahora mismo estamos reviviendo, con un jugador más, una nueva versión de la aventura de Stargate que arbitré a Rápido y Fácil. Y cuanta razón encierra el dicho "juega la misma aventura mil veces y cada vez será diferente".

Un saludo a tod@s!
Bruendar
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