miércoles, 26 de enero de 2011

La historia de un paquete y de la amabilidad de los extraños


El dado y el paquete, la versión rolera de "Platero y yo".



En cuanto me decidí a pedirle a mi primo, que vive y trabaja en Seattle, que me mandase el dado D20 con luz led, inmediatamente pensé en mis colegas más allegados y sobre todo en uno de ellos que cumplía años el 23 de diciembre. Pero al comentar en el blog el tema del dado y lo problemático que es pedir a Thinkgeek.com, pues hubo varios comentarios acerca de lo chulo que sería poder tener ese dado para las partidas de D&D u otro sistema que utilizara D20.

En uno de mis arranques de amabilidad bloggera lancé una invitación a todo el que quisiera el dado, y no tuviese a nadie en los USA que pudiera mandárselo. De todos los seguidores bloggers, solo Manu Strawdog se aventuró a pedirmelo, cosa que a la larga seguro que ha agradecido.


Foto de perfil de Manu, ¿Por qué me recordará tanto a Gimli?.


¿Y por qué este ofrecimiento amable? Pues muy sencillo. Muchas veces, cuando empecé en esto del rol y veía las novedades que se cocían por los USA, gracias a esos panfletillos de TSR que venían en las cajas de Ravenloft, pensé en lo genial que sería tener a alguien que pudiese traerme cositas roleras de allende los mares.



Que bello¡¡¡¡ que nostalgia cada vez que veo esta magnífica ilustración, por coleccionismo solo me queda E-bay para unirla a mi colección.




Mi espinita clavada en el corazón fue la caja de Dragon Mountain, que le la pedí por activa y por pasiva a mi colega Naxo, que estaba estudiando en Iowa durante un año, pero sólo trajo mogollón de suplementos de Al-Qadim para sí mismo y la caja de Dragon Mountain quedó en el olvido.

Ahora que no soy un chaval y que el dinero (gracias a Dios) no es un problema, no me parece mal echar una mano a los que por sus motivos (los que fueren) no pueden comprar cosas que sí están en mi mano poder hacerlo. Al fin y al cabo no era un gran desembolso y el hecho de ayudar y alegrar a un compañero bloggero y rolero pesaba más que sufrir una decepción a manos de un relativo desconocido.
A día de hoy, Manu disfruta de su dado y yo me alegro de haber sentado un estupendo precedente, que espero se repita en algún otro momento.

Pero claro, una cosa son las intenciones y otras las historias que genera una acción.

Cuando me llegaron los dados, los repartí entre los allegados que me lo habían pedido y el regalo de mi colega Naxo (Sí, el mismo de Dragon Mountain, bueno ya no le guardo rencor por aquello,jeje), entonces pasaron los días y con ellos las vacaciones de navidad. No tenía más caja en mi casa que una de Amazon donde me vinieron varios cd´s, así que la preparé bien, con el dado bien resguardadito y la envolví con el papel de cartón que viene al final de los rollos de papel de regalo. (un Macgiver en potencia o un pordiosero, según se mire)




La diferencia de tamaño es bestial, me pasé de envoltorio, aunque mejor protegido ni queriendo.




El caso es que el día 5 de enero la llevé al pueblo donde vivo para aprovechar los momentos anteriores a la cabalgata para mandarla, pero cuando me vi con los tres niños y el mogollón de gente para la cabalgata, tuve que desechar la idea y dejar el paquete en el coche. Ese fue su primer viaje.

El paquete ya no volvió a casa, ya que se quedó en el coche esperando un momento propicio para llevarlo a correos. Pero el tiempo pasó y el paquete viajó en coche durante días sin llegar a ninguna parte. Segundo viaje.

Finalmente me tuve que ir a Coruña por cuatro días a un curso. Bien, decidí llevarme el paquete y mandarlo desde allí, pero entre que no conocía la ciudad, el poco tiempo libre que tuve y la tonelada de marisco y Albariño que tomé, pues que se quedó en la maleta y no lo mandé. Tercer viaje, menudo rollo.

Por fin, más por vergüenza torera que otra cosa, el mismo fin de semana que volví de viaje y aprovechando una escapada para comprar en el Corte inglés, me lo volvía a llevar en coche, 20 kilometros hasta la capital de la isla y por fin, por fin, lo pude mandar. Cuarto y penúltimo viaje, porque el quinto fue hasta Elche, a las manos de un paciente, como el santo Job, ManuStrawdog.

Una odisea que comenzó en Seattle gracias a mi primo y que terminó, tras innumerables viajes y acontecimientos en el lugar que el destino le había conferido, la noble y antigua ciudad de Elche.

Que lo disfrutes Manu, de tu desconocido y amable(jejeje, flowers to me) colega bloggero Fatelux. Que saques muchos críticos y que se ilumine en todas tu partidas.

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