jueves, 4 de noviembre de 2010

Micro-relatos: Mitos de Cthulhu - El Cine





Algunos levantaron la cabeza al verme entrar.

Acabada la curiosidad, las figuras oscuras recortadas por el destello del proyector decidieron prestar atención de nuevo a la pantalla. En la temerosa oscuridad del cine, tan solo empañada por el moverse de las figuras proyectadas, algunas toses y bostezos parecían ser los únicos habitantes de aquella muestra de cine de principios del siglo XX.

Una vez llegué a mi asiento presté atención a la insulsa parodia de cine mudo de los años 20, con un hilo argumental que se escapaba a mi discernimiento. Al parecer aquel hombre estaba dispuesto a todo por el amor de la chica pero ella no parecía corresponderle. En cuanto a las siguientes escenas el hombre parecía enloquecer y se entremezclaban extrañas situaciones en un apartamento lleno de desperdicios. El actor, visiblemente desencajado llegaba a perder los nervios y se aproximó para apagar la cámara, llevando su blanquecina cara hasta el objetivo, como si quisiera devorar a todos los de la sala.



Segundos mas tarde el plano mostraba a la chica. Inmóvil en una silla en lo que parece un subterráneo. Un rótulo negro y recargado de ornamentos mostraba la declaración del protagonista. Está dispuesto a todo, incluso clamar al diablo, por su amor.

En la siguiente escena, la cámara se mostraba estática. Solo enfocaba un agujero de enorme profundidad, enfermizo y oscuro. Me revolví en mi asiento ante la preternatural visión del abismo que penetraba en la tierra.

La chica permanecía sentada, inmóvil, maniatada aunque burdamente se trataba de disimularlo, frente al espeluznante agujero. Mi corazón se puso a latir salvajemente al atisbar una figura que a los pocos segundos se revolvía en el túnel. Se acercaba hacia la chica, con un movimiento que solo podría describir como falto de toda humanidad. Apenas visible tras el cuerpo de la chica parecía entretenerse un momento para, tras un instante inmóvil, tironear de ella con tal violencia que en una fracción de segundo, la chica desaparecía de la escena por el infernal agujero, debatiéndose con un realismo tal, que la sola menció de aquel tétrico recuerdo aun me eriza el vello de la nuca.


Una de las luces comenzó a moverse y el actor, tímidamente salió a la focal de cámara . Y cuando parecía dispuesto a seguirla se quedó paralizado por el horror. En su cara un estremecimiento, como si temiera que el abismo se lo tragara a él también. Con la mano temblorosa sacó un revólver de su desastrada chaqueta y comenzó a gritar hacia el operador de cámara y se dirige hacia ella. La luz se apaga de repente y en los últimos fotogramas se aciertan a ver los fogonazos de unos disparos.

El rótulo THE END, puso fin a la pesadilla, aunque mi atribulada cordura sospechaba que lo que había visto tenía poco de ficción.



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