lunes, 16 de agosto de 2010

Micro-Relato: Warhammer 40.000 - La XIII Compañía

Continúo rescatando viejos trasfondos de mi baul de los recuerdos. El siguiente micro-relato versa una vez más sobre el universo del Warhammer 40.000, en concreto sobre mi ejército de Lobos Espaciales.

Hace ya bastante tiempo, los de Games Workshop sacaron un suplemento de campaña llamado El Ojo del Terror, donde se daban cita listas de ejército alternativas. Entre ellas, la posibilidad de encarnar con las miniaturas de los Lobos a la mítica Decimotercera Compañía, La Compañía perdida que se internó, miles de años antes, en aquel enorme agujero disforme, bastión eterno del Enemigo de la Humanidad.

Naturalmente, como aficionado y coleccionista de Lobos Espaciales, no pude dejar pasar la oportunidad de pillarme el suplemento, amén de las miniaturas de los Wulfen, seña de identidad de la XIII y, como no, hasta presentarme a torneo con ellos.

Pero lo que más me atraía, y aun sin duda, es el trasfondo de estos supervivientes, que, contra todo pronóstico, seguían vivos, huyendo eternamente de las huestes del Caos dejando tras de si un rastro de demonios muertos. Solo sacando su lado más salvaje y restituyendo su equipo perdido por las armas y piezas de los Marines del Caos, han podido prevalecer y finalmente huir tras siglos de confinamiento.

La Décimotercera Compañía había regresado a casa. Una pena que actualmente no se pueda jugar con ella. Eran brutales...



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El centro de mando del Colmillo bullía de actividad. La aparición en el radar de un Crucero de Batalla del Caos era sin duda motivo para la alarma.

Wolfgar miraba impertérrito la pantalla en la que se mostraba la imagen de una decrépita nave, con signos de un innumerable número de impactos de gran tamaño. Sola y dañada. Parecía tratarse de un pecio abandonado, un resto de chatarra maligno que pronto quedaría reducido a pequeños trozos de metal incandescente.
La luz que indicaba la fijación del blanco aún no estaba encendida. Esos Sacerdotes de Hierro no estaban haciendo su trabajo, aunque le costaba creerlo. Algo estaba pasando. Sus sentidos agudizados captaban algo anormal y por primera vez desde que le fuera implantado gen Helice Canis, jamás había dudado de ellos. ¿Cómo podía una sencilla operación estar sufriendo un retraso tan significativo? Alguien iba a escuchar su rugido.

¡Abran fuego! - ordenó, aun con la confusión en sus sentimientos. Su orden no fue discutida. El enorme cañón bramó desde alguna parte en el enorme complejo. En la pantalla, un enorme haz pasó rozando el Crucero del Caos y parte del fuselaje se desintegró. Sin embargo, la nave no se desvió ni un milímetro. Sin duda alguna había sido un disparo poco eficaz, signo de que las sagradas letanías de los Sacerdotes aún no estaban listas. Pero la situación del Crucero alarmó a Wolfgar. Esos motores estaban encendidos. La dirección era firme hacia Fenris.

¡Por Russ! ¡Necesito esos cañones apuntando a esa aberración de una vez! ¡¿Qué demonios está pasando? – volvió a bramar Wolfgar

Creo que tengo un respuesta para ti – sonó la inconfundible y ronca voz del Señor Lobo Logan Grimnar.

El eco de sus palabras aún resonaban en el centro de mando y el silencio era absoluto. Wolfgar se apresuró a incar su rodilla ante el legendario Señor Lobo.

- Mi señor, el Crucero debe ser una trampa. Un señuelo del Caos para atacarnos con alguna traicionera treta. Aún así, tenemos el poder de deshacerlos en mil pedazos con uno solo de nuestros cañones…

- Lo se - respondió Logan – No intentes darme una lección de lo que pueden hacer los Lobos Espaciales.

Wolfgan volvió a bajar la cabeza en símbolo de profundo respeto.

- Ponte en pie, hermano Wolfgar. Se testigo junto a mi de un milagro del Emperador. Se que tú también lo sientes, que tus sentidos no te han engañado, al igual que no ha engañado a los Sacerdotes de Hierro…

Cuando Wolfgar se irguió en toda su altura, aún tuvo tiempo de sentirse pequeño ante la altura y el poder que desprendía cada fibra de Grimnar. Sostuvo su paternal pero acerada mirada como solo un hijo de Russ puede hacerlo y siguió la dirección que le indicaban los ojos del Señor Lobo hacia la pantalla.

El Crucero se hallaba ya muy cerca de Fenris. Lo suficiente para empezar a lanzar cápsulas de desembarco. Sin embargo la actividad era mínima, aunque obviamente se preparaban para entrar en la fría atmósfera de Fenris. La imagen era más nítida debido a la cercanía y entre el fuselaje se adivinaban ya no solo los signos de impacto, si no también las indiscutibles marcas del Caos Absoluto mancillando la forma de la nave.

Pero entre todo esto solo una cosa destacaba más entre la corrupción. El símbolo de una cabeza de lobo devorando la señal del Caos. En la punta del Crucero, una inscripción: XIII.

Logan Grimnar, ordenaba la movilización del personal para recibir al Crucero. Cuando el guerrero y el Señor Lobo se quedaron solos en la sala de control, Wolfgar rompió el silencio:

- La Decimotercera Compañía, tras 10.000 años en el Ojo del Terror, regresa a casa…



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