lunes, 23 de agosto de 2010

Bagh’tarr - Explorador trianii

Un historia de esperanzas perdidas rodea este historial, perteneciente a un personaje para la ambientación de Star Wars. Hace ya bastante tiempo que fué aquella mítica partida que prometía ser la primera de una serie de aventuras en el macro-universo de Yoda, Luke, Vader y compañía, y que, desgraciadamente, finalmente quedó relegada al abismo del recuerdo ya que no salimos del todo contentos de aquel nuevo sistema D20...


Una verdadera pena, ya que, como no puede ser de otra manera, estabamos ansiosos por sumergirnos en las tramas galácticas y es que el que fué su DJ, es gran conocedor de todo lo relacionado con SW, lo cual le hacía perfecto para el puesto. Pero lo dicho, el sistema no nos cautivó y no cuajó la iniciativa de seguir jugando con el sistema antiguo.


En fin, fruto de esa inspiración que me cautivó por la proximidad de aquella campaña, salió este historial para el personaje que elegí, atípico, porque DJ y yo nos lo curramos para buscar esta raza de hombre-felino y su adaptación al juego.

Una vez más, espero que les inspire o simplemente les guste como lectura veraniega.



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Sector Independiente de Trian, Borde Exterior

Cuando le preguntan a Bagh’tarr por sus motivaciones, sus pupilas rasgadas se encogen, alerta, en sus ojos ambarinos, contrastados en su negra piel de pantera. En un rudimentario básico hablado, aprendido en su contacto con los escasos seres que se atreven a penetrar en el espacio Trianii, comerciantes y otros exploradores fundamentalmente, revela que su mayor motivación es explorar el universo conocido y, quizás, descubrir nuevas zonas aún inexploradas.

Le llaman profundamente la atención los planetas del espacio del Imperio y sobre todo su variedad, de los cuales ha oído hablar como si de una leyenda se tratara. Mundos ciudad, planetas que son desiertos interminables e incluso ciudadelas artificiales de enorme tamaño que flotan sobre las nubes, en las que el metal es la materia que recubre todas las superficies.



Bagh’tarr aprendió a desenvolverse sobresalientemente en su mundo selva natal y pronto se le antojó escaso el espacio en el que se movía. Decidió no seguir la senda que le tenían reservada en una sociedad dominada por las hembras y puso todo su empeño en entrar en la milicia trianii como explorador del ejército, para así para poder acercarse a los demás planetas colonia bajo la influencia del Trian’khan (cúpula militar trianii).

Su habilidad le granjeó un puesto como explorador del ejército y pronto pulió sus habilidades naturales de observación y formó parte en numerosas incursiones contra los Cathar y los Togorians, especies contra los que se ven enfrentados en el control de los recursos del sector. Bagh’tarr demostró tener una habilidad para el reconocimiento casi sobrenatural, algo que sus compañeros relataban como algo más que el instinto.

Así pensaban sus compañeros de patrulla cuando, gracias a un aviso a tiempo, Bagh’tarr descubrió una emboscada togoriana en la luna Gr’Mort. Cuando su patrulla pensaba refugiarse bajo un acantilado ante la inminente lluvia de micrometeoritos (semejantes a proyectiles sólidos, mortales por la gran velocidad en la que entran en la escasa atmósfera lunar), el presentimiento de que en la zona se encontraba otra patrulla de togorians, hizo que se rebelara ante sus compañeros. Estaba tan seguro del peligro que consiguió convencer a la oficial de que aún quedaba tiempo para que se adelantara y pudiera ver si se equivocaba.



La decisión era difícil. El no llegar a tiempo al saliente podría significar la muerte de toda la patrulla. Sigiloso pero rápido, se internó en la brecha natural del terreno y antes de que le descubriera el vigía, Bargh’tarr se abalanzó sobre él y, mientras sus garras destrozaban la garganta del vigía, desenfundando la vibro-daga con su cola prensil, se la clavó en el riñón izquierdo. Una vez fuera de combate, le hizo una señal a su patrulla para que rodearan rápidamente el lugar y con un mínimo intercambio de disparos, los togorians no tuvieron más remedio que salir a campo abierto y morir acribillados por los micro-meteoritos.

El éxito en la operación no pasó desapercibido y fue propuesto para un ascenso, algo poco común para un macho al servicio del Trian’khan, pero Bagh’tarr no tenía puesta su mira en el ejército. Su trato durante las patrullas con otros seres de sistemas neutrales e incluso prisioneros le había traído noticias de que el nuevo orden se cernía sobre los planetas vecinos y las naves militares del Sector Corporativo ya no controlaban como antes el espacio fronterizo con Trian.

Le llamó profundamente la atención que algunos apoyarán al nuevo Imperio de manera incondicional, mientras que otros huían espantados hacia el borde exterior, pero en su mente inquieta veía en la desestabilización del sistema la posibilidad de salir de Trian en busca de nuevas aventuras.

Rechazó el ascenso, pero pidió que a cambio se le trasladara a Fergus-5, la colonia minera más alejada del sistema Trian. Nadie lo entendió, pero Bagh’tarr sabía que era lo más lejos que podría llegar de momento.

Sin embargo, allí entró al mando de Brt’kharg, despiadado gobernador militar del planeta minero y su vida cambió drásticamente. El yugo militar férreo, semejante a una dictadura impuesto por Brt’kharg, imponía la ley marcial a la colonia de reclusos y esclavos catharianos y togorianos en una frágil y forzada alianza. Pronto, la egocéntrica mente de Brt’khan decidió que su poder le convertía en rey de Fergus-5, llegando incluso a cambiar el nombre del planeta extraoficialmente por Brt’khan (gobierno de Brt’kharg). El Trian’khan hacía la vista gorda sobre el gobierno del planeta prisión, siempre que se mantuviera el envío de los metales.


Bagh’tarr aguantó y siguió en su cómodo puesto de explorador, sin participar en las crueles acciones de la dictadura, pero siendo cada vez más decidido a estar en su contra. Así, permanecía a la espera de tener una oportunidad para escapar. Sin embargo, estalló una rebelión en uno de los pabellones y se fugaron algunos de los reclusos. Se le encomendó la misión de guiar a las patrullas y perseguir a los fugados. Al principio hizo su trabajo, pero al ver que los desarmados presos se rendían los soldados los fusilaban en el acto. Esto hizo que se rebasara su límite.

Llevó a su propia patrulla hasta una emboscada que había preparado y estos cayeron bajo los explosivos que había colocado. Pronto se sospechó de él y fue apresado no sin ofrecer resistencia. Así pues, fue encarcelado en la mina-prisión y permaneció allí por espacio de un año, ansiando la libertad cada minuto.

Sin embargo, la suerte sonrió una vez más a Bagh’tarr. Una nave militar trianii, aterrizó para escoltar el próximo envío de suministros minerales y uno de los soldados de su antigua patrulla, ahora oficial, le reconoció entre los presos que se encargaba del traslado del metal. Después de escuchar su relato, este le suministró un arma y una pistola de clavos para que planeara su fuga.
Pertrechado así, pronto unió a su alrededor a algunos camaradas que había conocido en prisión, dos trináis, un togorian y un cathariano, y juntos planearon la fuga. Decidieron esperar al día en que partiría la siguiente nave minera comercial que llegara Fergus-5, ya que Brt’kharg hacía tratos para su beneficio personal y dejaba atracar a naves de contrabandistas para descargar metal.




Era un plan peligroso pero había que arriesgarse. Llevaron a cabo la fuga a la perfección, pero cuando se hallaban en el perímetro exterior del pabellón, sonaron las alarmas. Habían encontrado el cadáver del guardia en la celda de Bagh’tarr. Salvaron el terreno hasta la pista de aterrizaje, mientras huían de las patrullas de Brt’kharg, cuando llegaron al hangar de la nave contrabandista. Brt’kharg se encontraba en el hangar para llevar a cabo personalmente el intercambio y su guardia personal, al ver a los fugitivos, abrió fuego, convirtiendo el hangar en un campo de batalla en miniatura. Bagh’tarr, se infiltró entre los contenedores y se abalanzó sobre Brt’kharg.

La lucha fue terrible y, en el forcejeo, las garras de Bagh’tarr desfiguraron la cara al comandante. Este yacía ahora en el suelo inconsciente y el contrabandista apuntaba a Bagh’tarr con su blaster. Al ver su estado de miseria se apiadó de él y le dijo que entrara en la nave para salir de allí de inmediato, pero que sus amigos estaban ya condenados. La guardia personal de Brt’kharg se abalanzaba sobre ellos y ya más llegaban refuerzos. Ante lo imposible de la situación este subió al carguero y escapó por fin de Fergus-5.



El contrabandista, un humano llamado Ben Brolick, sonreía. Las bodegas del Starfox, el carguero coreliano de Ben, estaban llenas del mineral y además le había salido gratis, claro que ya no podría seguir teniendo tratos con Brt’kharg. En realidad le daba igual, confesando no tenerle mucha simpatía al comandante y este golpe haría que quizás, no necesitara cerrar más tratos en el borde exterior.

Ben prometió a Bagh’tarr que le dejaría en el siguiente espacio puerto a salvo, pero que ya no podría hacer nada más por él. Tenía deudas que saldar y le recordó a Bagh’tarr que quizás algún día tendría que devolverle el favor.

Una vez en el espacio puerto y con unos pocos créditos que le dejara Ben, compró algo de equipo y se enroló en una nave minera con un destino lo más alejado del Sector Trian.

Mientras en Fergus-5, Brt’kharg, prometiendo venganza, ha contratado a Kortghoon, mercenario cathariano para que acabe con el maldito trianii que le ha desfigurado la cara...


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