martes, 13 de julio de 2010

Theron el Minotauro




El minotauro es una de esas criaturas que siempre me han fascinado. Desde que leí la leyenda de Teseo en un recopilatorio de leyendas griegas que me regalaron en mi infancia, mi imaginación quedó atrapada por la ilustración que este ofrecía. La dualidad entre su humanidad y su aspecto salvaje, embravecido aunan como pocos otros la escencia de la fantasía de la Magia y la Espada.
Ni que decir tiene que desde que juego al Rol ha sido uno de mis pjs a jugar, si bien, como pasé mucho tiempo tras la pantalla, los minotauros quedaron como peligrosos enemigos a batir o bien, como los que aparecían en la Dragonlance, pnjs con los que interactuar.
Hace no mucho, cuando la 4ª ed. de D&D ofreció la posibilidad de incorporarlo como raza, maquiné el historial de Theron, pero las cosas no siempre salen como uno quiere, quedando inédito.

Quién sabe. A lo mejor, alguno de vosotros le apetezca dar vida a un minotauro como su alter ego bestial y el historial de Theron le anime a hacerlo al fin.

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Theron patea, mueve su enorme cabeza astada y bufa de rabia instintivamente.

Le frustra no acordarse de su verdadero nombre y se aferra al laberinto de los esquivos recuerdos que le quedan, porque impiden que termine su diabólica metamorfosis.

En la nebulosa de sus recuerdos aun ve la imagen del fornido y bien parecido muchacho que una vez fue. Hasta que aquel mago semi-demoníaco se cruzó en su camino y maldijo su suerte de manera fatal. Él, maldito por su fanfarronería, y sus amigos, muertos por la malignidad de aquel ser....

La rabia le vuelve a dominar y siente ganas de embestir...

Sus recuerdos más recientes le sitúan cerca ya del Valle Gris. Atracción de feria en el Circo de las Bestias, una comitiva errante que se gana la vida de pueblo en pueblo, mostrando a las criaturas más salvajes que pudiesen capturar o comprar. Gendrar, el capataz, obligaba a las criaturas a dar siniestros espectáculos. A las que no mostraban más que una inteligencia animal, las hacía luchar a muerte, en una sesión sangrienta de apuestas. A las que parecían discernir las órdenes, les tenía reservados espectáculos aun más humillantes, para diversión popular.

A Theron, su nombre "artístico", a falta de uno real, le obligaban a luchar en estúpidas peleas, en las que por una moneda de plata debía dejarse dominar por un pueblerino envalentonado, el cual podía marcharse a casa presumiendo de haber derrotado con las manos desnudas a un Minotauro. Si osaba rebelarse, caía igualmente al suelo a latigazos. Gendrar siempre atento, para no defraudar a sus clientes.

La noche que Theron escapó del bestial Circo, le habían cosido a golpes en una sesión de tarde ante cuatro "valientes", que decidieron que el espectáculo era mejor en grupo. Theron, al verse acorralado, embistió a uno de ellos con sus enormes pitones, por lo que tuvieron que sacarlo del lugar con una herida mortal.
Esa noche, el pueblo en peso estaba cercando la carpa, dispuesta a incendiarla si no recibían una compensación por aquello. Gendrar, poco dispuesto a perder su raquítico espectáculo, pensó que el minotauro era demasiado rebelde y pactó su entrega con el alcalde, por un módico precio, claro, que dejaría contentos a todos.

Por aquel entonces, un extraño ser, un cambiaformas, ocupaba también parte del espectáculo. Recientemente había caído en manos del capataz, pero, descubriendo que era más interesante mostrar sus capacidades para tomar diversas personalidades, le reservaba para mostrarlo tras unas rejas. Ante la agitación del comité de linchamiento, el extraño humanoide, aprovechó la ocasión para escapar, escurriéndose con dificultad por un hueco descuidado entre el enrejado de su carromato. En su ruta de escape, pasó cerca de la que ocupaba Theron, malherido.
¿Sienten piedad estas frías criaturas? Es una pregunta que pocos sabrían responder, pero en este caso, la sintió. Y tomando una gruesa barra de hierro, rompió el candado de la jaula del hombre toro.

En ese momento, Gendrar y su bolsa llena de monedas, se dirigían al carromato de Theron y llegó en el momento en el que el cambiaformas ayudaba a bajar al minotauro. El capataz sacó su cruel látigo, poco dispuesto a que su mercancía escapara y se enfrentó a los dos, en un intento de encerrarlos a ambos en el carromato. En ese momento, Theron se dejó dominar por la diabólica furia natural a los hombre toro y embistió sobre Gendrar, con tal furia, que el cuerpo de este subió en el aire varios metros, antes de caer como un saco grasiento en el enlodado suelo. Theron se quedó quieto, confuso y dominado por la mente del minotauro que intentaba poseerlo al fin.
Pero una vez más, sin pretenderlo, aquel humanoide acudió en su ayuda. Al hablarle, despertó en él de nuevo la consciencia de su situación y la alarma del populacho ansioso por lincharle. En aquel momento, el cambiaformas tomó el aspecto de un ser humano, flacucho y pálido, tras lo que rebuscó en el inerte cuerpo del capataz y tomó la bolsa llena de dinero.

Mientras, la multitud, airada, pensando que Gendrar les había engañado, decidieron tomarse la justicia por su mano y, con las antorchas que portaban, procedieron a cobrarse con fuego la afrenta.
En ese mismo momento, la extraña pareja se perdía en la noche, entre los claroscuros de la inmensa hoguera y los chillidos espantados de las bestias acorraladas...

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