viernes, 21 de mayo de 2010

Micro-relatos: Warhammer 40.000 - Lobos Espaciales

Entre uno de mis múltiples hobbies, ocupan lugares destacados los juegos de estrategia. En particular, el Warhammer 40.000 (o W40k, como abreviamos muchos).


Gusto de presentarme a torneos locales siempre que puedo y, cuando lo hago, preparo siempre un pequeño trasfondo sobre el ejército que llevo, explicando porque se han unido esas fuerzas y con qué fin.
De vez en cuando, rescataré alguno de estos trasfondos, a modo de micro-relatos, que espero sean del gusto de todos vosotros y, por qué no, de inspiración. Más teniendo en cuenta que siempre podreis hacer unos pinitos con el Dark Heresy.

Empiezo con uno muy particular, mínimamente retocado para la ocasión, y que versa sobre uno de mis múltiples ejércitos, Los Lobos Espaciales.

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¿Qué era Vogen comparado con aquel sentimiento? Nada.

Todo estaba por encima de él. Ni siquiera el Hélice Canis podía prepararle para esto. Era ya una batalla perdida. Todos sus hombres muertos. Solo su cinturón de energía consiguió sacarle de allí con vida. Hermanos de manada con los que había compartido el placer de la batalla. El Valhala los acogería y juntos estarían en la hora final. En la Hora del Lobo.

Las meditaciones de Volgar, Sacerdote Rúnico y mano derecha de Mornar, Señor Lobo de la 11ª Compañía, quedaron interrumpidas con el acre aroma a sudor que despedía el tecnosacerdote que acababa de entrar en la Biblioteca.

A unos cien metros de él, era capaz, no solo de olerle, sino de sentir el suave movimiento de los servos escalpelos bajo la túnica de este. Más allá, un siervo cerró la puerta, sellando la sala y la conversación que se tendría en ella.

Volgar se volvió para escrutar a su extraño acompañante y reconoció interiormente que le atraía el halo de misterio que siempre seguía a los de su clase. ¿Qué clase de conocimientos podría arrancarle a este servidor de lo arcano con la persuasión necesaria?
Inmediatamente desechó sus impíos pensamientos. No porque no pudiera protegerlos, ser un psíquico tenía sus ventajas frente a los demás. Tan solo pensar el daño que podría infligir a los enemigos del Emperador le era gratificante.

La figura del aparentemente frágil clérigo tomó asiento y, tras echar un vistazo al tomo que tenía enfrente, lo cerró con gran delicadeza, como si de un bebé se tratará. Su mano era de una piel muy pálida que dejaba a la vista las enormes venas de color verdoso que invadían el dorso, hasta donde se interrumpía el tejido y comenzaba el metal. Al alzar su cabeza, tan solo parte de la nariz y el mentón eran visibles a aquella luz. Una melosa voz, mezcla de lejana humanidad y sintetizador cortó el silencio reinante.

- He venido a encomendarte una misión para mayor gloria de nuestro Emperador, hermano lobo. Has de saber que tenemos puesta la vista en ti hace tiempo y no todo lo que sabemos nos gusta. Sabemos que tras la campaña de Vogen dudas de tu fe y que permaneces ajeno a la batalla en la que toman parte los tuyos. Pero vamos a poner fin a tu inactividad y a las dudas que has generado en ti mismo. Una misión de máxima urgencia requiere de un pequeño contingente y vas a salir de inmediato a acatar los órdenes provenientes de Terra. Si hermano, de Terra. Del Emperador.

Volgar quedó petrificado, si es que eso era posible en un guerrero como él. Aquel ser le decía que el propio Emperador de la Humanidad había designado sobre él una carga. Se revolvió en su asiento y de un salto se puso en pie, haciendo que la capa de lobo ondeara fugazmente. Sus ojos se habían encendido hasta el punto de parecer que llamas en lugar de pupilas anidaban en las cuencas. ¿Cómo rehusar a semejante orden? Pero la defensa del Colmillo estaba a su cargo. El resto de compañías volaban de regreso en sus astronaves tras las Campaña en el Ojo del Terror.
- No has de preocuparte por la defensa de la Fortaleza. Todo ha sido dispuesto para que esta labor se encuentre ya en manos de otro.

¡Por Russ! ¿Habría sido capaz aquella cosa de entrar en su cabeza? Siglos de entrenamiento psíquico… No. Se negaba a creerlo.

- No puedes rehusar, Volgar – dijo ahora alzando la voz – Lo sabes. Siempre lo has sabido. Él manda, nosotros cumplimos.


Volgar tomó el dossier que le extendía aquella mano y mientras, pálido y alerta como si le hubieran acorralado, fijó su vista en la palabra roja que centraba el documento...

“Faterblog”



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