jueves, 2 de abril de 2009

Las Sombras de Punjar V Historial del Ranger


Historial de Amair Vol´baran.

"Si tuvieran que contar la historia de tu vida, tendrían que remontarse mucho tiempo atrás, tanto que ni siquiera habías nacido.

Tu padre, Näntarie Silverflame era un defensor de la fe de Corellon, un eladrin de los bosques de Lurkwood, paladín por vocación. Tras los acontecimientos que provocaron la guerra conocida como la de “la horda de la mano roja”, Näntarie sintió la llamada del mundo, y por supuesto de su curiosidad eladrin, por lo que decidió viajar por la península Varisiana en busca de un significado a este poderoso viento de cambio.

Tras varios años de aventuras con la compañía mercenaria de “La hoja luminosa”, a la que se unió al poco de salir de Lurkwood, recalaron en la ciudad de Punjar, al sur de las Mushfens.

Fue en esa ciudad donde conoció a Ludsien Vol´baran, una joven pelirroja, de ojos verdes y de una belleza arrebatadora. El flechazo fue inmediato y sus primero meses de romances apasionados. Ella pertenecía a una familia de cierta nobleza dentro de la ciudad y estaba decidida a permanecer en Punjar.

El primer error de Näntarie fue permanecer en la ciudad mientras que su compañía mercenaria partía de nuevo al norte, hacia Baysend, donde rumores de un incremento de la actividad pirata, clamaban por la aventura y el negocio. Antes de que concluyera el año de conocerse, Ludsien le contó que estaba embarazada y que estaba deseosa de tener aquel hijo, fruto de un gran amor.

Amair nació en la víspera de una de las tormentas más feroces que jamás se hayan desatado sobre Punjar, en la que miles de almas perecieron en el inmundo barrio de “la bruma”.

El primer año de Amair fue de una felicidad para Näntarie inmensa y entonces, sin previo aviso, pensó en dejar de correr aventuras para establecerse en Punjar para siempre, pero eso fue un error que no pudo prever.

Un día, regresando de noche y sin avisar, se encontró con un pequeño disturbio en el callejón de su casa. Se acercó con sigilo, por si la situación requería de su experta espada, pero lo que halló hizo que los cimientos de su fe y sus creencias se tambalearan. Ludsien discutía con un tipo de aspecto criminal y le reprochaba cierto pago, cuando el individuo le espetó una grosería, un rayo de energía salió del dedo de Ludsien y lo fulminó al instante.

Näntarie, sin apenas creérselo, se tragó su sorpresa y decidió averiguar que le ocultaba su amor. Pero lo que averiguó le partió el corazón y casi el alma. Ludsien era una warlock, que había pactado con poderes oscuros y trabajaba desde hacía mucho tiempo para el gremio de ladrones. Lo que no pudo averiguar nunca es si todo aquel romance había sido fingido o si se encerraba algún oscuro propósito en su relación.



Pero sin apenas pensarlo, Näntarie cogió a Amair en mitad de la noche y huyó de Punjar, jurando no regresar jamás.

Padre e hijo se refugiaron en un pequeño pueblo cerca de las Montañas Rojas, y aunque al principio las cosas fueron bien, al poco de cumplir los doce años, Amair comenzó a desarrollar una habilidad innata, muy parecida a la de su madre. Näntair lucho contra esto con todas sus fuerzas. Le enseñó la historia de su gente, la bondad y piedad de Corellon y a combatir con el arco largo, el arma de su pueblo, pero casi al mismo tiempo, comenzó a beber, a beber para olvidar el dolor de su corazón y el incierto destino de su hijo mestizo.


Cuando Amair tenía 17 años, su padre era ya una sombra de lo que fue, un borracho que maldecía a Corellon y que huía de los de su estirpe. Justo ese mismo año, en invierno y a punto de alcanzar la mayoría de edad, Amair descubrió el cadáver de su padre, congelado a apenas 50 metros de su casa, la borrachera había hecho que se quedara dormido a la intemperie y muriese aterido de frio, un triste final para un paladín tan honorable.

Devastado por la pérdida de su única familia, Amair se recluyó en su casa durante lo que quedó del invierno, eludiendo a los pocos amigos que tenía en el pueblo. Una tarde, recogiendo las cosas de su padre halló un diario, en el que Näntarie narraba los acontecimientos que le condujeron a huir de Punjar; Amair comprendió todo y supo que su destino era regresar junto a su madre, en busca de las respuestas que llevaba años buscando.

Lo que más le sorprendió fue, que el día que atravesó las puertas de Punjar, una figura esbelta, de una mujer, vestida con una túnica de bordados dorados y con el pelo, largo, suelto y rojo, el cual parecía brillar con más fuerza gracias al sol que lo iluminaba, se encontraba en medio de la calle, mirando fijamente hacia él, como si lo esperase. Amair, dubitativo se acercó a ella y le susurró; “Madre?” La mujer, muy bella, de ojos verdes intensos, sonrió con verdadera felicidad y extendió los brazos para abrazarle. “Amair, sabía que tu destino era volver junto a mí, los lazos que nos unen no pueden destruirlos ni siquiera los débiles dioses élficos.”

Aunque sentía cierto temor, Amair se dejo llevar y abrazó a su madre, de la que apenas recordaba nada y envuelto por ese abrazo sintió por primera vez que estaba en casa.

En menos de un mes, su habilidad para conjurar una descarga de energía, como hacía su madre, regresó y logró dominarla a voluntad, pero sabía que eso era legado de su madre y no había heredado el resto de sus habilidades. Sin embargo Ludsien, le introdujo en el gremio, del que ella se sentaba a la diestra del maestro, en el consejo de venerables. Y fue asignado a “Las Dagas negras”, donde el brillante Bet´novate pulió sus habilidades innatas y lo convirtió en uno de los jóvenes llamados a relevar a sus maestros en el gremio.



Muchas veces, mientras vigilaba los tejados de Punjar, podía divisar el cercano bosque de Sanos y recordaba los buenos momentos que pasó con su padre y lo extrañaba, pero también recordaba a veces como lo miraba cuando estaba borracho y murmuraba “mestizo, brujo bastardo” y sentía el odio que desprendía su mirada. Muchas veces sentía que lo echaba de menos, pero cuando Elauglyn le hacía una señal para actuar y veía como su amigo preparaba su letal ballesta de mano y su espada corta sabía en lo más profundo de su ser que estaba en su hogar, con los suyos, los de su clase..."
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