domingo, 8 de marzo de 2009

Las Sombras de Punjar III Historial del Clérigo





Siguiendo con la serie de 5 historiales para los personajes que conforman el grupo "Las sombras de Punjar" y que serán los encargados de jugar las tres aventuras de Goodman games situadas en Punjar, hoy os traigo el historial del Clérigo del grupo, un Tiefling de nombre Telegar.

Espero que os guste tanto como el del Minotauro Guerrero y podáis sacar provecho de él para vuestra campaña o para un personaje similar.











Historial de Telegar Uth´Kevir.


“Qué amargo es el exilio, qué tristeza cuando abandonas tu patria, qué amargura cuando tu nación es destruida y no queda a dónde volver.” El abuelo se recostó sobre el desvencijado sillón y se cubrió la cara con las manos, para evitar que el joven Telegar viera sus lágrimas.

“Pero al menos estamos aquí” dijo Briseys, la madre del pequeño tiefling de seis años.

El anciano Ekermon se levantó pesadamente y se dirigió hacia la puerta. Al llegar a ella, se giró cabizbajo, “¿Y de qué sirve eso ahora?”.


Telegar vio como su abuelo salía a las sucias calles de la vieja Punjar, que los locales llamaban “La Bruma”, un barrio, que al igual que su abuelo, había perdido hace mucho la esperanza.

Tres semanas más tarde, Ekermon hallaba al fin la paz que tanto ansiaba.

Al llegar a la ciudad de Punjar, hacía ya más de noventa años, los abuelos de Telegar tuvieron que buscar una vivienda que pudiesen pagar, y no había nada más barato que la vieja punjar, el barrio que mucho más tarde se conocería como “La Bruma”, donde los miserables, los hambrientos y aquellos que apenas tienen para vivir, habitan.

Ekermon trabajó duro en los muelles y aunque prosperaron hasta el punto de traer al mundo a 5 hijos, jamás pudieron salir de un barrio que década tras década iba oscureciéndose.

Con sólo 4 años, Telegar había perdido a su padre, que tras una reyerta en la que se vio envuelto regresando a su casa, fue asesinado por los Dracones, la guardia de la ciudad. Con gran tristeza, Briseys buscó trabajo y Finris el ciego, la contrató como camarera para “La Doncella Muda” una taberna del barrio.

A los 10 años, viviendo sólo con su madre, eran los únicos supervivientes del clan Uth´kevir, y al ser ya lo suficientemente fuerte, tuvo que empezar a trabajar. Los golfillos del barrio solían trabajar en su mayoría en el “Camino Oscuro”, una calle en la que apenas se asoma la luz del sol, repleta de basura, escombros y desechos, donde tenían que luchar contra las ratas enormes por las mejores piezas.

Allí fue donde conociste al viejo Thom, un duro y fiero pícaro de pelo canoso, con una porra aterradora y un temperamento irascible. Se dedicaba a reclutar, por la fuerza, a los más rápidos y astutos rufianes para el gremio de ladrones.

Los años pasaban y te fuiste endureciendo en el terrible “Camino Oscuro”. El viejo Thom te acechaba y varias veces hiciste encargos para él, demostrando tu valía. Con 15 años recién cumplidos, tenías a varios rufianes de menor edad como compinches y te servían casi como a un maestro. Eras el más duro del vertedero y muchos acudían a ti con disputas que solucionar. Sin embargo, algo en tu carácter te hacía diferente al resto, algo que ni siquiera el viejo Thom pasaba por alto, la compasión. A veces ayudabas a los más pequeños, indicándoles las mejores formas de rastrear en el vertedero o incluso dándoles parte de tu botín. Una cualidad que en un lugar como ese, era algo inaudito, algo que parecía más una debilidad.

En el invierno que cumpliste los 16, habías acudido a “La Doncella Muda” para tomarte algo de aguardiente mientras esperabas que tu madre terminase su turno. Ese día, un grupo de borrachos daba la brasa especialmente, muy ruidosos y pendencieros. Uno de ellos comenzó a molestar a tu madre, tratando de pellizcarla y que se sentara en su regazo, cuando tu madre le abofeteó, el rufián la llamó “perra demoníaca” y desenvainó su espada corta y apuntó con ella a tu madre. “Voy a devolverte al infierno del que no debiste salir”.

De inmediato te levantaste, pero el viejo Thom te cogió del brazo cuando ya estabas a pocos metros del tipo. “No me decepciones, no te creía tan estúpido”

El rufián avanzó dos pasos hacia tu madre, con la espada casi pinchando su pecho, cuando un sonoro golpe en la barra, hizo que todos fijaran su atención en ella. Finris había puesto encima de la barra un bote enorme de cristal repleto de dedos amputados, flotando en un líquido viscoso.

Hasta los más estúpidos sabían que en ese bote estaban los dedos de aquellos que se atrevían a molestar o agredir a Finris, el gremio de ladrones tenía especial aprecio a la taberna.

El rufián bajó su arma y volvió a sus asuntos, como si no hubiese ocurrido nada, y al poco toda la taberna seguía igual, como si nada que no fuera lo habitual hubiese ocurrido. Pero tú no pudiste fingir lo mismo, algo hervía en tu interior y una firme convicción, de que esto no quedaría así, te invadió.

Al poco el rufián y sus colegas se marcharon de la taberna, y no pudiste evitar esperar unos instantes y seguirlos con firme determinación. Al poco rato, el rufián que había agredido a tu madre se separó del resto y se encaminó hacia una de las chabolas que se encontraban cerca del callejón del cazaratas.


Era tu ocasión.


Tenías la frente perlada de sudor y tu cola estaba muy rígida, casi paralizada. De debajo de la camisa sacaste el punzón afilado que tu mismo habías construido para defenderte de las ratas del vertedero y te encaminaste con sigilo y rapidez hacia tu objetivo. En el último instante, a apenas centímetros del rufián, éste pareció oír algo y trató de girarse, pero tu punzón fue más veloz y se clavó profundamente en su espalda. El pobre infeliz soltó un gemido a modo de súplica, pero el olor de la sangre recién derramada invadió tus fosas nasales y una ira profunda, primordial te consumió. Con todas tus fuerzas empujaste la cuchilla más adentro y con un giro de muñeca la volviste a sacar de un tirón. Antes de que el cadáver del rufián cayese al suelo, ya te habías dado la vuelta y te marchabas del lugar.

Esa noche perdiste la poca inocencia que te quedaba y supiste en lo mas hondo de tu ser que en esta ciudad sólo los más despiadados y duros sobreviven.

Sin embargo, como suele suceder en Punjar, había ojos mudos que contemplaron la escena.


Dos días más tarde, al volver a casa por la noche, tu sorpresa fue mayúscula cuando vistes que tu madre servía dos copas de vino, en la mesa de la cocina a dos hombres, uno de ellos era el viejo Thom, pero al otro no lo conocías de nada. Viendo tu cara de sorpresa, se levantó y dijo: “soy Geroff Nisjal, maestro de La Bruma, síentate joven Telegar, tenemos que hablar”

Al oir tu nombre, tus piernas se aflojaron y todas tus alarmas se activaron, nada bueno saldría de esto.

“Sabemos que fuiste tú quien mató a Thug, de una certera puñalada la noche pasada. He hablado con Thom y me dice que había injuridado a tu madre y la había amenazado de muerte. Normalmente te daría una palmadita en la espalda, pero resulta que Thug pertenecía al gremio y eso no es nada bueno.” El corazón te latía a mil por hora y tus manos no dejaban de sudar.

“Tenemos leyes y reglas que debemos obedecer, de lo contrario no seríamos mejor que la escoria que obedece al Rey de los mendigos. La ley dice que si alguien quita una vida del gremio, a cambio tiene que dar una vida. Sin embargo Thom me ha hablado muy bien de ti y no puedo pasarlo por alto. Por lo que tu vida saldará tu deuda. Despídete de tu madre, ahora eres un hijo del gremio.”


Tu madre comenzó a sollozar y corriste a abrazarla, pero la despedida fue breve y ambos esa noche compartisteis miedos y lagrimas por igual.


Los primeros meses en el gremio fueron muy duros, casi mortales, pero eso hizo que te convirtieras en un adulto de la noche a la mañana. Podías haber sido un gran pícaro, o incluso lady Vol´baran podría haber hecho de ti un excelente brujo, como muchos de tu raza, pero el viejo Jerome se fijó en ti. Supo ver donde otros no eran capaces y reclamó tu entrenamiento al mismísimo maestre del gremio.

Inmediatamente supiste ver en Jerome un alma gemela, un alma torturada por un destino impuesto y al mismo tiempo sentiste la compasión y el afecto de un mentor, de un padre que nunca conociste.


Durante los años que duró tu entrenamiento dedicaste tus días al estudio de las enseñanzas de Sehanine, la diosa de la Luna, el principal culto del Gremio, y te diste cuenta que Jerome no solo preparaba a un clérigo como él mismo, sino su propio relevo.

Mientras tú servías bajo las órdenes de Jerome, conociste a un drow, que había sido entregado a Jerome para que lo cuidase y educara, tenía casi 10 años menos que tú y poco a poco, la compasión derivó en cariño y ese cariño en amistad. No podías por menos que sentirte muy identificado con él. Finalmente, cuando terminó su educación y se convirtió en adulto, se lo llevaron lejos de vosotros, para comenzar otro tipo de educación, y ya apenas lo volviste a ver, hasta que hace dos meses, Jerome murió.

Celebraste una pequeña ceremonia en la Ciudad de los Muertos a la que acudieron muchísimos miembros del gremio, más de los que imaginabas, y es que Jerome era muy querido y respetado dentro del clan.

Cuando la ceremonia terminó, tu joven amigo y pupilo de Jerome, Elauglyn el drow, se acercó a ti y te dio las condolencias y te llevó a una taberna en el Zoco, el barrio de mercaderes de Punjar. Allí te presentó a un enorme y musculoso Minotauro, Tautul, y a un joven semielfo de pelo corto que no dejaba de mirar a su alrededor mientras el drow hablaba.

“Telegar, el propio maestre me ha pedido que cree mi propio grupo dentro del gremio y no quiero que haya sino amigos entre los míos, gente en la que pueda confiar. Y qué mejor que tú, que has sido como mi hermano mayor en tiempos oscuros. Ahora mismo, el vacío que ha dejado Jerome va a ser ocupado, y puede que para serlo, algunos tengan que caer. No quiero que seas uno de ellos. Sé que eres muy capaz, pero las intrigas nunca han sido tu fuerte. Te aseguro que cuando estés preparado para reclamar tu puesto, el que te pertenece por derecho, las Sombras de Punjar estarán a tu lado. Pero por ahora, la mejor forma de prepararte y protegerte es que te mantengas con nosotros. ¿Qué me dices?”

Una sonrisa afloró en tu rostro, ceñudo durante todo ese triste día, le dijiste.” Por supuesto que puedes contar conmigo….hermano pequeño.”



Seguiremos más adelante adentrándonos en los oscuros secretos de..."Las Sombras de Punjar". Mientras tanto, vigilad vuestra espalda.....ya que nadie está a salvo en Punjar: La Joya sin lustre.

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