martes, 10 de febrero de 2009

Dragonlance, una gran decepción o una gran oportunidad




Con 13 años, un amigo me pasó una novela que se había comprado y que le había encantado, era una trilogía de aventuras en un entorno medieval-fantástico, muy del estilo del señor de los anillos. Era la época en la que aparecieron los libro juegos de “Elige tu propia aventura” y una de las líneas editoriales era de Dungeons & Dragons, unos libros finos de tapa negra y sus aventuras, sin saberlo nosotros, se basaban en las novelas que publicaba TSR y en míticos módulos del D&D básico.


























Creo que este fue el punto de partida de nuestra afición por el rol, el libro-juego fue el precursor del rol en nuestro pequeño universo friky. Cuando el primer libro de las Crónicas de la Dragonlance llegó a mis manos, lo comencé a leer con avidez, hasta el punto de dejar todo lo demás de lado cuando llegué al final, encerrándome en mi cuarto a terminarlo. Luego, como vulgar yonqui, fui a casa de mi colega y le pedí el siguiente libro y se repitió el mismo proceso hasta que terminé el tercero y último de esa trilogía.





La verdad es que las “Crónicas de la Dragonlance” y posteriormente “Leyendas de la Dragonlance” marcaron un hito en mi vida. Me metí tanto en la trama y me identifiqué tanto con los personajes, que se convirtieron, durante mucho tiempo, en mis libros favoritos.




Por ese motivo, decidí comprarme las trilogías por mi cuenta y seguí coleccionando todas las novelas que TSR producía de Dragonlance, tanto las de Margaret Weis y Tracy Hickman, como las del resto de escritores de la factoría TSR que continuaron su labor, recreando el mundo y contando sus historias.






Es verdad que tras las dos primeras trilogías, la cosa fue perdiendo fuerza y calidad, aunque hay algunas que se salvan, la mayoría de productos Dragonlance dejaban mucho que desear.





Fue varios años después, ya en el instituto con 16 años, cuando Ediciones Zinco sacó la caja del set de Campaña de Dragonlance, y tanto mi colega Paco, como yo nos la compramos. Por supuesto que fue una gozada poder regresar al universo de la Dragonlance por medio del rol y revisitar los lugares de las novelas por medio de unos mapas muy currados y leer referencias a lo ocurrido durante la guerra de la Lanza y sus héroes.




Pero lo mejor vino a continuación. Cuando publicaron los “Clásicos de la Dragonlance” en nuestro grupo de rol se desató la guerra. Cada uno tenía en mente a su personaje favorito y todos luchamos por hacernos con el pj que representara a nuestro héroe de la novela. Yo en principio me quedé con Sturm Brigthblade, a pesar del funesto destino que tenía en la segunda novela de la trilogía.





El problema surgió donde siempre surge, en los números. Para poder jugar con los personajes pregenerados, que eran los de las novelas, hacía falta 8 jugadores, y conseguirlos no fue un gran problema, lo duro fue mantener a esos jugadores para jugar la campaña, ahí fue donde se jodió todo. Es curioso que en esa época, la del instituto, tuviéramos ese problema, pero lo tuvimos, y por múltiples causas; desde arrestos domiciliarios por malas notas, a rencillas entre jugadores, novias absorbentes y algunas más. El primer intento, fracasó.





Más adelante, tal vez un año después, nos reunimos mi viejo amigo Paco y yo y decidimos darle una nueva oportunidad a la campaña, pero esta vez decidimos hacerlo con menos jugadores y con personajes creados por nosotros. La cosa empezó bien, yo particularmente me hice un semielfo ranger (os suena?) y comenzamos una vez más la campaña. Esta vez la cosa fue como la seda y acabamos el primer libro con un júbilo tremendo, y con ganas de más.





La verdad es que la historia enganchaba a la primera y el módulo estaba muy bien construido. Todos obviamos la linealidad de la campaña en aras de seguir la historia como se había desarrollado en las novelas, al fin y al cabo jugábamos a esto por ellas. Sin embargo hay que decir que la historia te conducía bien por el guión sin estridencias ni golpes de martillo a la trama. Desde el recuerdo, creo que ha sido una de las mejores campañas jugadas de D&D.




Pero inevitablemente ocurrió lo que Paco y yo temíamos, el fin prematuro de la campaña. Pero es lo que tiene jugar con gente poco comprometida con el hobby y para que negarlo, con gente inmadura que éramos. Así que poco a poco la campaña se fue al traste por las ausencias de jugadores, por los largos períodos entre sesión y sesión, y finalmente por la aparición de novedades en el terreno rolero que terminaron eclipsando al set de campaña de la “Dragonlance”




Un triste fin para una historia que nos enganchó como lectores y que en el terreno del rol, atisbamos solo los albores y disfrutamos de ellos como nunca. Pero también es verdad, que para la época en la que la jugamos, hicimos mucho y nuestra inmadurez nos hizo abandonar por novedades más atractivas.



No hace mucho, comentando con Paco el tema, llegamos a la conclusión de que estas grandes campañas las disfrutamos, pero no le sacamos el rendimiento adecuado por esa inmadurez y falta de compromiso. Ahora, ya con nuestros treinta y tantos y nuestro grupo rolero establecido y que hemos proclamado a los cuatro vientos que los viernes noche es noche de rol, sagrada e intocable, pues la cosa cambia. Ahora sí que podemos comprometernos con campañas a largo plazo y con una posibilidad de éxito muy alta, nada es inmutable, por lo que actualmente tenemos dos en marcha de diferentes juegos, el D&D y La llamada de Cthulhu.



Sin embargo, ambos tenemos esa espinita clavada muy en lo hondo, de no haber terminado esa campaña. Aunque ahora el problema es el cambio de edición del juego y es que el salto de la 2ª edición a la 4ª actual es abismal, por lo que habría que trabajar mucho en la adaptación de la campaña…..pero bueno, para algo somos frikys del rol y este tipo de esfuerzos no son nada para nosotros, cuando el vicio manda, nosotros obedecemos.



Quien sabe, a lo mejor pronto os hablamos de que hemos comenzado a jugar de nuevo a los Clásicos de la Dragonlance y que a Sturm le sonríe la suerte y logra esquivar el ataque de Kitiara y sobrevive hasta el final de la campaña. O que incluso Raistlin renuncia a la túnica negra y se queda con su hermano y los héroes de la Lanza…. No, no, eso sí que es fantasía pura y dura.


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