viernes, 21 de noviembre de 2008

A Dream Come True


¿Habéis tenido alguna vez un sueño, o el deseo, de hacer algo y finalmente conseguirlo?

Es curioso, porque siempre pensé, que una vez realizado, te quedaría una sensación de vacío y pérdida, una melancolía, un sentimiento de decepción motivado por la desaparición de esa ansia, de ese anhelo de que se cumpla tu deseo. Sin embargo, no me siento así.

¿Es posible que aún habiendo pasado ya casi un mes, siga todavía con la miel en los labios y esa melancolía pronto se apodere de mí?

Es algo que aún no puedo deciros, tan solo puedo hablaros de ese sueño que se tornó real, tangible, palpable, tanto como para quedar durante mucho tiempo grabado en mis retinas y que, al cerrar los ojos, lo siento vívido y aún oigo los ecos de las voces, la música y nuestros propios gritos de alegría y satisfacción.





No, aunque lo parezca, no hablo de sexo.




El pasado domingo 26 de octubre, fecha que para mí tendrá un lugar en el pequeño calendario de mi vida, asistí con mi amigo, compadre, colega de rol y hermano no consanguíneo, Nacho al partido de Fútbol Americano que se celebró en el estadio de Wembley, en Londres, donde se enfrentaban los New Orleans Saints contra los San Diego Chargers, dos de los equipos más ofensivos de la liga.


Independientemente de lo que opinéis, conozcáis o desconozcais del Futbol Americano, el hecho es que para nosotros, poder ir a este partido fue el cúlmen de casi 18 años de aficionados a este deporte. Imagináos un hito en vuestra vida y sabréis de que os hablo.




Corría el año 1990 cuando por aquella época, el canal +, se coló en mi vida. Me dio muchas cosas, mi querido canal +, y entre ellas, el Fútbol Americano. Yo apenas sabía nada de este deporte, excepto lo que se había podido ver en películas, breves noticias de la Superbowl anteriores.(para los no aficionados, la Superbowl es el equivalente a la final de la Copa de Mundo, solo que para los americanos, sus euipos son los que cuentan, al igual que el beisbol, que se autodenomina World Series)



En mi época de EGB, alguno ni os acordareis de lo que significan estas siglas, me regalaron por un cumpleaños, un diario con la decoración de las mascotas de los equipos de Fútbol Americano, algo casual y para nada premeditado, pero eso me hizo aprenderme el nombre de todos los equipos, sus mascotas y las ciudades de cada uno de ellos. Por eso, cuando vi que en Canal + emitían un partido semanal de la NFL, la líga de Fútbol Americano, me sentí intrigado y comencé a verlos, e inmediatamente me sentí terriblemente atraído por este deporte, mezcla de estrategia, potencia física y dureza.


Al año siguiente vi mi primera Superbowl en el salón de mi casa, y fue definitivo, el Fútbol Americano había llegado para quedarse.



En el año 1993 conocí a Nacho en el Club de Rol, y nos hicímos buenos amigos durante ese verano, pero él se iba en septiembre a USA a cursar el COU, algunos seguireis sin saber que es, y yo empezaba la universidad. El tuvo la suerte de poder practicar este maravilloso deporte en el High school, y si ya antes le gustaba ese deporte, pues entre los partidos jugados y el poder seguir la liga por televisión, se hizo un converso como yo.


Sin embargo, nuestra primera Superbowl juntos, o por lo menos ambos lo recordamos así, imagino que ya como amigos para siempre, parafraseando a Los Manolos, fue en el año 1997 cuando Brett Favre, mítico Quarterback de los Green Bay Packers, se alzó con su primer y único campeonato, aunque recuerdo que los años anteriores estuvimos siguiendo al equipo galáctico del momento que fueron los Dallas Cowboys, pero tal vez, la primera que vimos juntos en mi casa, fue esta de 1997. Y es que han pasado ya tantos años y tantas vivencias juntos que a veces los recuerdos se difuminan y se entremezclan.


Sin embargo, a partir de ese mítico momento, un sueño se gestó en nosotros, el poder asistir a un partido de la liga, o bien a un Superbowl. Algo de lo que siempre hablábamos cuando nos reuníamos a ver partidos de la NFL o cuando el primer fin de semana de febrero, estábamos sentados frente al televisor para pasar la madrugada viendo la final de las finales, la Superbowl.


Pues bien, 11 años más tarde logramos hacer ese sueño realidad. Y todo gracias a que la NFL, para agasajar a sus aficionados europeos, donde aunque no lo parezca tiene muchos aficionados, se comprometío a traer cada año un partido de la liga regular a tierras europeas.

El año anterior jugaron en el Wembley Stadium, los Miami Dolphins contra los New Yok Giants. Estos últimos fueron, a la postre, los campeones de la Superbowl de esa temporada.

Tanto Nacho como yo, nos preguntábamos como podríamos conseguir entradas para poder ir, y si nuestros compromisos, laborales y familiares nos lo permitirían. Casi de casualidad, me enteré que la página web inglesa de la NFL era la encargada de gestionar los tickets, y me apunté para el año siguiente, este 2008.


Tras mucho tiempo de espera y un poco de suerte, en marzo compré las entradas, a un precio que a más de uno dejaría flipado, pero eran muy buenas entradas y lo valían, por lo menos para aficionados tan acérrimos como nosotros. Y luego llegó lo peor, la espera de los meses hasta Octubre, deseando por encima de todo que nada nos hiciera faltar a nuestra cita. Y es que hasta que no estuvimos en el avión que nos llevaba hasta el aeropuerto de Gatwick, el 22 de octubre, no suspiramos aliviados.


A pesar de que nuestras respectivas nos dejaron ir solos a Londres durante seis días a regañadientes, era algo que necesitabamos hacer por encima de todo, cumplir un sueño que llevaba con nosotros 11 años. Aunque aprovechamos el viaje para ver un par de musicales y frikear por Londres, aprovechando que nacho no conocía la ciudad y que yo después de mi primera visita en el 2002, estaba deseoso por volver a esa ciudad que me había cautivado como ninguna.


Pero lo verdaderamente importante, no fueron las visitas que hicimos a tiendas de rol, los musicales que vimos, lo mal que comimos, el cuchitril de Joe donde nos alojamos, ni los judíos ortodoxos que nos tropezabamos todos los días al salir a explorar la ciudad, ni la visita impagable al London Eye en un día sorpresivamente soleado y diáfano, ni las horas que pasamos maravillados en el Brittish Museum, ni los interminables ratos en el Tube, ni el caleidoscopio de razas que pueblan Londres, no, lo verdaderamente imporante ocurrió el domingo 26 de octubre, cuando a eso de las dos de la tarde llegamos a la estación de Wembley y al salir pudimos comtemplar por primera vez de cerca, el estadio y los miles de aficionados que pululaban por los alrededores. Nosotros, con nuestras equipaciones respectivas, camuflados como dos fans de los respectivos equipos, de inmediato fuimos absorvidos por la vorágine del evento y nos convertimos en parte del mismo.

Ese día, que no terminó hasta que a las 22:30 cogimos el metro de regreso, nos hizo vibrar y se quedó grabado en nuestra mente para siempre.

El estadio es increíble, y cuando se llenó con más de 83.000 espectadores fue colosal. El partido en sí, fue casi como una Superbowl , ya que no escatimaron en medios y hubo espectáculo antes del partido y en el descanso, lo que ellos denominan halftime. Incluso el juego, fue mejor de lo que esperabamos, más allá de nuestros más enfebrecidos sueños, con una anotación de escándalo, un juego reñido y lleno de todas las posibles jugadas e incidencias que uno esperaría encontrar en un partido para el recuerdo, no bromeo si os digo que es el mejor partido que he visto.

Gastamos nuestras últimas libras en comprar todo el merchandising de recuerdo que pudimos, e incluso, como los grandes aficionados, esperamos a los jugadores a la salida del estadio, donde les esperaban los autobuses para llevarlos de regreso al hotel o al aeropuerto, e incluso logré que el entrenador de los New Orleans Saints se hiciera una foto conmigo, algo mega friky hasta para mí, pero es innegable que la situación lo requería.


Siento no poder explicaros las sensaciones que tuvimos dentro de aquel estadio, pero es que es inenarrable, algo comparable a hacer el amor por primera vez con la chica de la que estas enamorado, conseguir el trabajo por el que tanto te has preparado, abrir por primera vez la puerta de vuestra casa de propiedad, sostener a tu hijo recién nacido en brazos por primera vez, conducir el coche de tus sueños, no sé, a lo mejor exagero, pero así os hacéis una idea de la inmensa felicidad que sentí, que me llenó por completo y me desbordó durante las horas que estuvimos en Wembley.


Es más que probable que el año que viene repitamos experiencia y que flipemos al mismo nivel, pero ya me váis conociendo y solo os puedo decir parafraseando al genial Rod Stewart "The first cut is the deepest", y no hay nada como la primera vez, la primera vez es la que cuenta, la que siempre recordarás, la que nunca se difuminará en el tiempo, porque amigos, jamás he olvidado la primera vez que hice el amor con el amor de mi vida, mi mujer, ni la primera vez que cojí en brazos a mis hijos, ni la primera vez que con mi llave abrí la puerta de mi casa, ni la primera vez que me incorporé a mi trabajo después de haber luchado tanto tiempo por él..... ¿que exagero? bueno, eso depende de si has sentido alguna vez esas cosas. Si lo has hecho, seguro que ahora mismo tienes la misma sonrisa que yo al recordarlo todo, de forma tan nítida, como si acabase de ocurrir ahora mismo.



Luchad por vuestros sueños..... merece la pena tener sueños que cumplir.


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